26 jul. 2011

Willkommen im westen

La caída del muro nos mostró a una población civil celebrando una unificación que llegó a convertirse en una obsesión para las gentes de ambos lados. Sin embargo en ese mundo soterrado del fútbol aquella alegría mostrada tras el derrumbe de un bloque de cemento que separó durante décadas a muchas familias se transformó en burlas e iras irracionales. Tanto el Dynamo Dresden como el Hansa Rostock, los dos últimos campeones de la RDA, tuvieron que sufrir, como únicos representantes ossies en la unificada liga alemana, insultos, burlas y pancartas ofensivas en la mayoría de estadios que visitaban. “Volver a levantar el muro y esconderos detrás de él” era uno de los calificativos más comunes que se podían leer en los estadios occidentales.

Para el fútbol la caída del bloque socialista supuso una hecatombe de proporciones bíblicas. En apenas once meses los clubes del este pasaron del modelo comunista a tener que asimilar por la fuerza un sistema de mercado libre totalmente desconocido para ellos: “No sabíamos como abordar una operación de compraventa, ni los pasos a seguir” se queja con amargura un histórico dirigente del Dresden. Clubes acostumbrados a pelear por títulos y jugar competición europea año tras año se vieron relegados de golpe cinco categorías gracias al estúpido e irracional sistema de incursión que realizó la DFB. Para adaptarse al nuevo modelo las entidades del este aceptaron con resignación el expolio de sus plantillas y canteras, y estafados por su ignorancia en el funcionamiento del mercado - unido a la corrupción de muchos funcionarios -, sufrieron un trasvase de talento hacia occidente con escasa repercusión económica en sus arcas, lo que puso la puntilla definitiva a una élite que ha vivido los últimos 20 años sufriendo desapariciones, descensos administrativos, ruinas y penurias de todo tipo.

El talento en la extinta RDA continua emergiendo, pero como la mayoría de su población menor de 30 años, ha tenido que emigrar al oeste para encontrar un futuro. René Adler o Marcel Schmelzer, sin olvidar a Michael Ballack o Matthias Sammer – primer balón de oro ossie-, son los casos más conocidos de talento exportado a temprana edad por la falta de oportunidades y clubes con estructura de cantera en el rincón pobre de Alemania. Hasta hace poco las únicas noticias procedentes del otro lado que ocupaban un lugar en la exigente prensa germana eran siempre referentes a actos bandálicos de los ultras de corte neo-nazi que han invadido los estadios del este, cuando no, sobre ruinas, desapariciones y descensos sonados de sus principales clubes. Una situación agónica. La RDA solo aporta el 8% al PIB nacional, 100 veces menos que cualquier lander occidental, estas desigualdades han ayudado a construir un solido sentimiento de desapego y odio hacia la parte prospera del país. La Ostalgie (termino utilizado para definir la nostalgia de la vida feliz en la RDA) ha invadido los hogares del 28% de las antiguas provincias “democráticas” teniendo una repercusión política inevitable.. los parlamentos regionales del este se han llenado de partidos nacionalistas de corte extremista que propugnan la independencia de la región.

A pesar de todos estos avatares el fútbol parece haber encontrado su pequeña edad de oro tras la caída del muro. Por primera vez en 20 años sus principales clubes – los nacidos de una nueva élite tras el colapso del bloque comunista – inundan sin complejos las categorías profesionales alemanas. Esta temporada en la segunda división veremos por primera a cinco clubes en la categoría, restando uno menos en la nueva y no menos interesante 3.Liga , que ha servido desde su creación en 2008 como paraíso re-fundacional del fútbol del este. En ella sus instituciones han encontrado estabilidad económica y deportiva que les ha permitido situar en la 2.Bundesliga a cinco equipos en los últimos tres años. Esta nueva era de prosperidad donde más se ha hecho sentir ha sido en Berlín, dándole a la ciudad, por fin, un ambiente real de capital futbolera. El Unión, el equipo más popular del Berlín-este, esta viviendo su nueva edad dorada en la división de plata, situándose como uno de los equipos con más afluencia de publico de la categoría, lo que le ha llevado a ponerse manos a la obra en la construcción de un nuevo arena con vistas puestas a conquistar el dorado de la Bundesliga.

Esta pequeña apariencia de opulencia y prosperidad desaparece en cuanto rascas un poquito la superficie. Por ahí abajo, en los entresijos del fútbol más modesto, la vieja república democrática sigue inmersa en su pequeña escalada de violencia. Las categorías regionales del este se han infestado de clubes de culto, la mayoría de corte neo-nazi, que propugnan en sus estatutos consignas de todo tipo. La politización es tal que prácticamente no existe ideología, y los matices de esta, que no cuenten con un club que la represente. Esto ha llevado a vivir casos tan surrealistas como el del Roter-Stern de Leipzig , una pequeña entidad de extrema izquierda de la segunda ciudad más poblada de Sajonia que tuvo que renunciar a competir al ser encuadrado en un grupo donde la mayoría de equipos estaban alineados con la extrema derecha, siendo recibidos en cada partido con amenazas de muerte, cánticos y simbología más propios de la Alemania de los años 40.

Estas agrupaciones de culto están acogidas a las rígidas reglas del fútbol romántico, propugnando el fútbol social y haciendo gala de la “economía punk” evitando en lo posible acercarse al mundo del marketing y los avatares del fútbol moderno. La ciudad y región de Leipzig es un claro ejemplo de la continua convulsión que se vive en muchas ciudades del este. Los derbis entre el Sachsen y el Lokomotiv (grandes e históricos de la extinta DDR-Öberliga) siguen siendo noticia por su violencia extrema, hasta tal punto, que los encuentros entre ambos se tienen que disputar con las gradas laterales del mundialista estadio de la capital vacías, congregando a ambas aficiones en los dos fondos, separadas por la nada y más de diez mil agentes de policía. Aficiones que solo dejan de odiarse y desearse la muerte para amenazar al tercer gran club de la ciudad, el nuevo y pomposo Rasenball Leipzig, adquirido por la famosa compañía de bebidas energéticas Red Bull en el verano de 2009 y cuyo destino es situarse en la primera división en los próximos ocho años. A pesar de que la multinacional cuenta con el respaldo mayoritario de los vecinos de la ciudad, lógico al dar trabajo a muchos de ellos, las dos principales entidades deportivas de la urbe ven su llegada como una amenaza que les puede dejar sin masa social en menos de una década, lo que ha provocado que la población entre en una cruenta, y deportiva, guerra civil.

Una de las grandes reivindicaciones de los Ossies es la marginación de las grandes compañías hacia sus clubes de fútbol, ahora, muchas de ellas, han puesto sus miras en el este. Sin el apoyo incondicional de Veolia el Dresden quizá jamás habría conseguido ascender a segunda, ni tampoco sin la compañía de gas que el año pasado compró el naming del moderno Rudolf-Harbig a razón de tres millones por temporada. Mismo modelo que ha utilizado el Hansa para recuperarse tras años de romanticismos que le llevaron al descenso a tercera división y casi a la quiebra. Una de las muchas contradicciones del justo discurso victimista en la región se vive con la citada Red Bull. Empresa que llegó con la intención de que Leipzig volviera a ser una ciudad europea (el Lokomotiv fue finalista de la Recopa a finales de los ochenta) y que de vez en cuando saboree la consecución de algún titulo de liga, es continuamente vejada y atacada en sus desplazamientos por las regiones del este, vistos como un intruso en un mundo “romántico” donde solo hay cabida para las pasiones políticas e identitarias de pura cepa, y la compañía de bebidas energéticas, si algo no tiene, son genes sajones.

Mientras las bases ossies siguen ancladas en la RDA propugnando una extraña adaptación al mundo moderno, la pequeña élite que ha sobrevivido a la ostalgie viven nuevos días de gloria. Las multinacionales ya apuestan por el fútbol del este, y sus clubes, adaptados a la perfección al modelo occidental, crecen año tras año a pasos agigantados. Con la inclusión del Babelsberg (antiguo Motor Babelsberg) y con el más que probable ascenso a la 3.Liga del Rasenball, o incluso del Magdeburg, la categoría de bronce se consolidará como el punto de partida de las viejas glorias orientales hacia la grandeza. Y quien sabe si en la 2.Bundesliga el Cottbus (hoy en día el “grande” del este) y el Aue (llegó a ser campeón de invierno en la categoría el pasado curso) ponen la guinda a esta nueva etapa de prosperidad consiguiendo el ascenso a la primera división. Mientras lo intentan, la realidad es que tras 20 años de lagrimas, los grandes clubes de la RDA por fin han llegado – y en el más amplio sentido de la palabra – al oeste.

18 jul. 2011

Tiene que ser sufriendo.

No puede haber alegrías sin dolor en el seno del SGD , así , hasta el primer gol en su regreso al fútbol grande llegó entre lagrimas. Cuando Heller envió el balón a la cabeza de Fort para que este la dejara para que el talentoso Trojan rematara el esférico, el balón entró a regañadientes en la meta del Cottbus, su portero, Kirschbaum , se había lanzado a por el delantero sajón emulando a un viejo ninja de serie B para estampar sus tacos en el antebrazo del goleador, obligandole a retirarse a la banda, a ser tratado por los médicos de un golpe salvaje. La nueva generación de guardametas germanos viene pisando fuerte, además de irse de prostíbulos en plena concentración (T.Sippel) se ha puesto de moda entre los nuevos cachorros salir con los pies por delante, eso si, en posición horizontal, ante cualquier oportunidad de gol. Una acción que habla muy poco de la formación de estos púbers de nuevo cuño, más pendientes de protagonizar malabarismos acrobáticos en lugar de guardar con estoica entereza sus marcos. Hace decenios que en Alemania no nace un portero que bloque un balón, y que mucho menos, aguante un mano a mano con un delantero.

Poco tiene que ver este Dynamo con aquella amalgama de jovenzuelos ossies que consiguieron el ascenso el pasado curso. Prácticamente en el Das Stadion der Freundschaft se presentó un roster nuevo, con incorporaciones de postín, como las de los ya mencionados Trojan (Dusiburgo) y Knoll (Herta Berlin), o talentosos inmaduros como Bregerie , procedente del Metz francés. La baja más sensible de todas será sin duda la de Esswein (Marzo de 1990), hombre al que se le debe el ascenso de categoría y que ha pasado a engrosar las filas del Nürnberg (club que tenia la propiedad del jugador), su talento hace tiempo que le debería de haber llevado a lamer las mieles de la primera división, ahora podrá lucirse, o no, con el club bávaro.. ahí estará el SGD para volver a pedir su cesión si con la llegada del frío los resultados amenazan el futuro de la entidad en la categoría y la participación del sub-21 en el sur germano no es la esperada.

Siendo el primer encuentro de la temporada, y siendo a mitad del mes de Julio (prácticamente el Dynamo no ha tenido pre-temporada por culpa de la promoción de ascenso) no hay mucho por lo que alarmarse. El partido fue planteado de tu a tu ante todo un gallito de la categoría, y que si no pasa nada raro, está llamado como mínimo a ocupar las primeras cinco posiciones al final de la temporada. Por momentos el cuadro de Ralf Loose se mostró dubitativo, casi temeroso, de golpear en la mandíbula a su oponente con el fin de dejarlo KO y cazar los tres primeros puntos de la temporada. Una sensación de inmadurez que tiene su origen en la ya mencionada re-fundación de la plantilla, un once tipo que no ha jugado junto apenas tres partidos de pre-temporada , y que a pesar de que sobre el papel tiene muy buena pinta, el handicap que arrastrará el equipo durante gran parte del año le puede llevar a tirar por tierra todos sus sueños.

En Dresden no conocen la gloria sin dolor. En condiciones normales este grupo de jóvenes, muchos internacionales sub-20 o sub-21, podría convertirse en la sensación del año en la categoría... ahora , tendrán que compenetrarse compitiendo, conocerse con los puntos en juego y pulir sus defectos a ritmo de taquicardia. La jugada del primer gol en la B2 será la imagen que ilustre con maestría la temporada que le espera al Dynamo en su regreso a la división de plata. Tiene que ser sufriendo.

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