Desde la llegada de Frank Arnesen a la cúpula deportiva del HSV las cosas han cambiado de forma radical en los quehaceres diarios de la entidad hanseática. Lejos del titubeo costumbrista al que nos tenían habituados los últimos directores deportivos (desde la salida de Beiersdorfer) el danés, con mano firme, ha empezado a ejecutar todas aquellas acciones que sus antecesores no se atrevieron. Su primera medida al llegar al cargo fue revitalizar el roster, deshaciéndose de los jugadores más veteranos. Ze Roberto, Frank Rost, Mathisen o Guy Demel entre otros han abandonado el barco para dar paso a una ristra de jóvenes talentos que van a dotar de futuro a un equipo inmerso en una profunda refundación a todos los niveles.
Y es que no solo en la parcela deportiva han cambiado las cosas, desde las elecciones al consejo del pasado mes de Enero, la dirección política del club del diamante también ha dado un vuelco, desactivado el nocivo Hoffmann, y finiquitadas las guerras por el poder, la tranquilidad nacida al calor de la clara división de poderes ha dejado imperar la cordura. Arnesen como recién llegado tenia muy fácil prescindir de Oenning y contratar a su entrenador, sin embargo el nuevo responsable deportivo se sentó con el interino, y tras charlar ambos cara a cara salieron de la reunión con un plan estratégico bajo el brazo que convirtió al ex del Nürnberg en el entrenador del futuro. Este será por lo tanto el encargado de sacar rendimiento a una plantilla que mezclará juventud y talento con veterania. A pesar de la criba de veteranos que ha sufrido el roster en las últimas semanas, Jarolim, casi un líder espiritual para este grupo, continuará luciendo los galones el próximo curso, junto a pesos pesados como Westermann.
Ya cerradas las incorporaciones de los internacionales sub-21 Mancienne (Chelsea), Töre (Chelsea) Bruma (Chelsea) y Sala (Chelsea) el siguiente objetivo del club es hacerse con los servicios de un centrocampista “Box to Box” , que según en palabras del DD : “Tenemos claro el perfil de jugador, y hemos hablado con algunos candidatos, pero todavía no hemos concretado nada.” Para ello el nuevo jefe del HSV ha visitado Dinamarca para presenciar en primera persona el europeo Sub-21 del que tomar nota sobre futuros talentos. Mientras llega más calidad púber, la operación salida está lejos de culminarse. Jugadores como Rozehnal o Silva no encuentran destino, a pesar de que el primero de ellos maneja un interés de Lazio y Genoa para hacerse con sus servicios.
El Hamburgo por fin parece tener un proyecto, y aunque de forma gradual, se está uniendo a la moda implantada por equipos menores como Kaiserlautern o Pauli, y consagrada por el Dortmund de Klopp de contar con un equipo JASP'S. Los recién llegados se unirán a los ya habituales Son, Tesche, Diekmeier, Aogo, Sowa, Stepanek, Besic o Tunay Torun, todos con edades comprendidas entre los 19 y 21 años. Renacer desde la cuna para encontrar la gloria!
Calendario y pretemporada.
Como es habitual en Alemania durante estas fechas la Bundesliga conoció el calendario de la nueva temporada. La jornada inaugural, que dará pistoletazo de salida al año futbolístico, tendrá lugar una semana antes del comienzo de la liga, y será, como manda la tradición, con la primera eliminatoria de la POKAL, competición más que maldita para los intereses del diamante. Este verano el inicio en la competición emparejó al HSV con el Oldenburg, rival asequible. Aunque para complicaciones ya está el calendario liguero, que ha emparejado, nada más y nada menos, que a Borussia Dortumd y Hamburgo en la primera jornada. Toda una piedra de toque, aunque el pasado curso, el Schalke se llevó un severo correctivo por parte del equipo de Armin Veh.
Un pequeño pueblo agrícola en el este de Austria podría dar una lección magistral a cualquier gran urbe europea, y sin despeinarse siquiera. No hay mayor motivo por el que las gentes de la tranquila y adorable Mattersburg estén más orgullosos que por su pasión por el fútbol. Y no es para menos, este apacible municipio, ideal para perderse en una escapada de verano (o para siempre si se desea) a pesar de contar con escasos siete mil habitantes tiene una de los mayores indices de asistencia de las ligas centro-europeas.
Cada quince días, como si tal cosa, emergen aficionados al SVM de debajo de las piedras. Llegan en coches, trenes, y hasta los más viejos del lugar afirman que incluso nacen de las piñas que abarrotan las débiles ramas de los álamos que rodean el Pappelstadion. Solo así, gracias a la brujería, se podría decir que es la única forma de reunir a quince-mil almas para abarrotar un campito de fútbol construido en un valle, y cuyo viaducto – una de las obras civiles de la posguerra – sobrevuela la tribuna del estadio recordando, como un simpático guiño del pasado, que hace más de medio siglo, con motivo de la fiesta de la cosecha, se levantó sobre un campo de cenizas para conmemorar los treinta años de la fundación del club.
El visitante no encontrará simetría entre sus gradas, casi encajonado y con aspecto desaliñado, su arquitectura nos evoca una de las estampas más puras del concierto internacional. Los pocos foráneos que han tenido la oportunidad de tomar asiento entre sus gradas destacan el aroma a fútbol vintage que se respira. No es para menos. Ya que cada sector del estadio se erige como un monumento a una gesta histórica del club. Con su primer ascenso al fútbol profesional se levantó la preferente, aunque no para satisfacer la mayor demanda de entradas, sino por imperativo de la liga ya que no se contaba con el aforo mínimo permitido. Una inversión hoy en día vista con simpatía, pero que en su momento, levantó ampollas - “nos gastaremos un dinero que no tenemos en una grada que jamás se llenará” - Visionarios de la zona que la emprendieron con el club y que hoy día, gozan de la compañía de cientos de vecinos en su asiento preferencial.
Quien sabe a que habrá que esperar para levantar el fondo que le falta al estadio. El primero de ellos, y el sector más grande del complejo, se construyó en 2006 tras conseguir el tercer puesto ligero (que no fue un segundo por muy poco) dejando al club el regalo de la competición europea, en cuyos brazos, se parió el récord de asistencia alcanzando los 18.600 espectadores. El Pappelstadion hace gala de la modestia de la región, aunque cuenta con uno de los mayores indices de asistencia del campeonato, siendo durante dos años consecutivos (2006 y 2007) el estadio austriaco con mayor afluencia de espectadores. A expensas de su primer titulo (recientemente subcampeón de copa) el club va añadiendo con especial ingenio los equipamientos necesarios que requieren los tiempos modernos: salas vip, cafeterías, tiendas... la pregunta que habría que hacerse, es, ¿donde los meten?, vista la miniatura de un estadio que en pleno corazón agrícola del Österreich deja en ridículo a los grandes del Calcio italiano, que tienen que ver como año tras año, sus estadios presentan peores entradas.
En algún momento durante el periodo de tiempo que transcurre entre 1943 y 1945 el FC Viena cayó derrotado por 10-4 ante el Hagiborg-Theresienstädter. Seria un resultado anécdotico de no tratarse de dos “clubes” pertenecientes a la liga de fútbol de Terezin, uno de los campos de concentración más sanguinarios levantados por el régimen nazi en la Europa del este. Recientemente el periodista Martin Krauss y el escritor húngaro Imre Keretész - premio nobel en 2002 y superviviente de Auschwitz - han destapado a través de un extenso articulo publicado en el magazine alemán 11Freunde la existencia de campeonatos de fútbol organizados por los presos recluidos en los campos de exterminio. Un espacio de libertad que convivió de forma tenebrosa con la misma muerte. Ya que en en el campo polaco el terreno de juego se construyó al lado de los crematorios, incluso, como relata la historiadora judia Veronika Sprignamm en uno de sus diarios personales: “se disputaban partidos mientras caían sobre nuestras cabezas las cenizas de cientos de compañeros.” Un sorprendente relato que nos deja ver la necesidad del ser humano de encontrar reductos de normalidad en situaciones extremas con los que poder sentirse libre, evadirse de la constante tragedia, aunque sea de forma efímera.
Estas ligas se extendieron por todo el mapa del terror, en algunos campos, competían entre si guardias contra cocineros, trabajadores de la cantera contra el grupo de médicos que “rescataron” los oficiales de las SS para disfrute personal. Tanto en Matthausen, campo de concentración con abrumadora mayoría de presos políticos, como en Machau, los equipos se organizaron por nacionalidades, a especie de mundialito, donde los republicanos españoles vieron extrapoladas en el terreno de juego sus enemistades con el sector católico-polaco. El furor fue enorme según nos desvelan cientos de testimonios rescatados de diarios personales y cartas encontradas en los archivos históricos del holocausto. Algunos incluso hablan de asistencias de más de tres mil espectadores. Una muestra del arraigo de las ligas entre los reclusos es la creación del “Rim-Rim-Rim” un diario deportivo clandestino redactado por niños-fantasma de Terezin, que vivían ocultos al recuento oficial, como tan magníficamente nos mostró Roberto Benigni en la “Vida es Bella.” Aunque la escasez de papel y las dificultades de la empresa solo hicieron posible la edición de seis ejemplares durante todo un año.
Estos campeonatos tenían una doble función, durante la disputa de los partidos era el único momento en el que los presos de distintos puntos de un mismo campo podían verse, intercambiar información, material, y noticias, un complejo sistema de apuestas basadas en el trueque llegó a generar toda una industria entre los reclusos que ayudaron a salvar más de una vida. Si por algo se caracterizó el régimen nazi fue por su temible cinismo. Vista la popularidad entre los reclusos estos partidos fueron filmados por las cámaras del ministerio de propaganda y utilizados pertinentemente para acallar en Europa , y en el propio Reich, los incipientes rumores del exterminio judío, que cómo ilustró Costa-Gavras en “Amén” era algo más que sabido por las jerarquías eclesiásticas y por los gobiernos europeos, que no hicieron más que mirar hacia otro lado ante el problema Judío, cogiéndose como clavo ardiendo a cualquier comunicado propagandístico lanzado por el gobierno alemán para justificar su postura inmovilista: “vean que felices viven, hasta juegan al fútbol entre risas y jolgorio” era el mensaje utilizado en las cintas distribuidas por el ministerio de Goebbels.
Premios nobel, músicos, afamados actores...nadie se libró de los campos de concentración. Fridtjof Nansen , hijo del conocido Fridtjof Nansen, premio Nobel de la Paz en 1920, relató con especial detalle en uno de sus diarios la sempiterna actitud cínica de los oficiales de las SS ante el pequeño reducto de normalidad que suponían los partidos de fútbol. Según cuenta llegaron a ordenar la construcción de tribunas para disfrute de las autoridades, que llegaban a amenazar y disparar a los jugadores durante la disputa de los encuentros como acicate para no hacerles perder sumas dineraria en las apuestas que habían realizado previamente. “En una ocasión dos guardias transportaban en una carretilla un cadáver, tras depositarlo en una pira, les prendieron fuego. Acto seguido se sentaron a presenciar el partido de fútbol mientras el olor a carne quemada invadía el campo” Este es uno de los fragmentos más duros rescatados por Martin Krauss e Imre Keretész de las notas escritas por Nansen Junior.
El fútbol no fue ajeno a la guerra.
Quizá las historias más conocidas sean la de los jugadores del Dynamo de Kiev que prefirieron morir a dejarse perder por orden de un equipo integrado por soldados alemanes. O la dramática historia de Matthias Sindelar, capitán del Austria de Viena, que se suicidó junto a su mujer para evitar ser capturado por el régimen nazi. Pero también existen historias de persecución y tragedia en el lado contrario. Las autoridades alemanas utilizaron a sus deportistas más afamados como gancho para aumentar el reclutamiento entre la población más joven, estrellas futbolisticas del momento fueron enviadas al frente como un solado más, encontrando su tumba entre las trincheras, sin opción a elegir, de negarse su destino habría sido igual de trágico. Bien sabe de ello el ya extinto FV Zuffenhausen cuya mayoría de integrantes perdieron la vida en el frente ruso, dando pie a Robert Schlienz, superviviente de Stalingrado, a poder fichar por el Stuttgart una vez acabada la guerra, y convertirse así en el mejor jugador alemán de la posguerra. Otro club marcado por el conflicto fue el Unión Saint-Gilloise, el gran club belga de todos los tiempos, de origen judío, que acabó con todos sus integrantes en campos de exterminio. Tras la creación del estado de Israel se quedó sin clase dirigente ni masa social debido al éxodo de al nuevo estado, a pesar de ello, y de su letargo por la segunda y tercera división, fue el club belga con más títulos hasta mediados de los 90.
Nunca deja de sorprender el carácter balsámico que llega a tener el fútbol en periodos de tragedia, ya sea colectiva o personal. En plenos bombardeos soviéticos sobre Berlín, se aprovechaban los escasos altos el fuego para disputar partidos de fútbol en el estadio Olímpico, y aunque pueda parecer lo contrario, registraba llenos históricos para ver a 22 temerosos y hambrientos hombres jugar un “derby” sin nada más que ofrecer al publico que escasos 90 minutos de paz y normalidad, una vía de escape para templar sus miedos y olvidarse por un momento del ruido de las bombas y de sus heridas en el alma. El fútbol, a veces, es tan insignificante como enorme es su grandeza.
cuando se habla de profesionales muchas veces se hace de forma superflua, abonandonos a un pequeño detalle sin importancia perdido en un amplio anecdotario. La profesionalidad dependiendo del lugar donde residas tiene un grado de importancia o significado distinto, que suele variar dependiendo de la cultura del esfuerzo instalada en cada sociedad. Tampoco hay que obviar que el modelo de gerencia o mánager ayuda a distinguir los diferentes tratos, al igual que el grado de responsabilidad que exige el entorno sobre un grupo de jugadores, que en las culturas europeas, no encuentran acomodo ni apoyo de ningún tipo entre la prensa afín.
Por eso idénticas situaciones en diferentes latitudes pueden generar resultados totalmente dispares. Hace pocos días Vranjes, jugador del Werder Bremen, destapó los infiernos que se vivían en las interioridades del vestuario del Weserstadion. Un clima de tensión perpetua y de enfrentamiento contra un entrenador, que en palabras del jugador, no dirigía la palabra al grupo, “salvo para hablar con sus tres o cuatro jugadores favoritos.” Sin embargo, ese sentimiento arraigado de rechazo, y esa división tribal entre grupos de futbolistas estuvo acompañada de resultados exitosos y de triunfos sonados sobre el terreno de juego. Una situación indentica en clubes del sur de Europa habrían acabado en guerra civil y con fracasos en el plano deportivo. Que en ciertas culturas el entrenador sea la figura más fuerte, en lugar de la más débil, ayuda a sobrevivir en situaciones extremas.
El inhumano de Thomas Schaaf ha logrado perpetuar su tiranía durante 11 temporadas consecutivas, manejando un vestuario enfrentado a su figura gracias a sus malas artes en la gestión del grupo. Como dijo el ya ex jugador bremmer “El equipo estaba obligado a llegar una hora antes al entrenamiento, menos tres o cuatro jugadores, que llegaban siempre una hora después. Eran los amigos del entrenador y nunca les pasaba nada.” Uno de esos amigos es Torsten Frings, jugador que durante los últimos tres años ha ido en constante declive, incapaz ya de aguantar un partido más allá del minuto 55. Sin embargo su titularidad ha sido incuestionable, y su presencia en el campo, salvo lesiones, jamás se ha visto amenazada por cambios tácticos o sustituciones de refresco.
Ni siquiera el claro perjuicio de su alineación en las aspiraciones deportivas del equipo han sido motivo de debate. “El capitán es el capitán y debe jugar por ello”, confiesa un orgulloso Schaaf, que de la mano de una generación de canteranos, llevó al Werder a su mejor época desde los tiempos de Otto Rehhagel. Sin embargo el grado de división entre la masa social ha sido abrumador. Ya durante el pasado verano el simple hecho de que Frings partiera de inicio como único pivote en la exigente medular hanseática inundaba el foro de la web oficial del club de lamentos y criticas, incluso algunos, apuntando al descenso de categoría como colofón a este suicidio perpetrado por el gerente del equipo, que no era otro que el idolatrado entrenador. Dichas predicciones catastróficas no iban mal encaminadas, el Werder Bremen ha estado luchando gran parte de esta temporada por la permanencia. Una lucha agónica que no se ha visto truncada por fisuras de ningún tipo, ni conatos de rebelión, el equipo moría por la constante decisión equivocada de su entrenador, que fue renovado sin paliativos en la situación más critica del año, situado a un punto de los puestos de descenso.
Las palabras de Vranjes en cualquier otro país habrían supuesto un escándalo. Encendiendo debates mediáticos durante días. Sin embargo en Alemania sus palabras han pasado desapercibidas. Existe un alto grado de respeto sobre el mundo del fútbol y una arraigada cultura de libertad de expresión, aquí los personajes tienen libertad para hablar sin miedo de cualquier asunto, puede llegar a chocar escuchar a Hoeness lamentarse de que su entrenador se niega a hacerle caso en sus consejos sobre alineaciones o sistemas de juego, un asunto en el que también se inmiscuyen los directivos en Italia o España, aunque son asuntos tabú de los que nadie se atreve a hablar, y quienes los hacen, cuando lo hacen, son para arremeter contra el entrenador de turno, aludiendo a su escasa personalidad.
El incendio grupal que ha vivido el Werder durante más de siete temporadas le ha dado para ganar títulos, pelearos, y jugar competición europea, solo el envejecimiento del equipo y la perdida de talento por las necesidades economicas del club le han llevado a perder nivel deportivo. Ningún jugador, marginado por su entrenador, o mal tratado, ha bajado los brazos, se ha borrado de los partidos, ni sus iras han encontrado cobijo en los medios de comunicación. Vranjes cerró sus airadas criticas sentenciando: “Schaaf es un tirano sin humanidad, un pésimo psicólogo y un nefasto gestor de grupos, pero a pesar de todo es el mejor entrenador que he tenido, y el numero uno en la Bundesliga.” Así es la mentalidad alemana.