24 mar. 2014

Luce el sol en Pittodrie Street

Si se recorre Pittodrie street dirección al estadio se corre el riesgo de ser abordado por una estridente canción noventera. 'Don't you want me' de los 'The Human League' no atronaba los altavoces británicos desde 1995, el mismo año en que el Aberdeen ganó su último título. El reciente éxito de los dons en la copa de la liga ha hecho que ese viejo hit musical de tiempos de hombreras y estampados coloristas vuelva a colarse entre el top-10 de las listas del Reino Unido. Y lo ha hecho por su profundo significado, o más bien, por el significado que le ha querido dar una hinchada que se ha reencontrado con la felicidad tras dos décadas de humillaciones. La letra nos habla de las vivencias de una camarera acostumbrada a las penurias hasta que un buen día decide romper con su triste presente para emprender una nueva vida en la que aprende a ser feliz. Una bonita metáfora que se ha convertido en el nuevo himno popular de un Aberdeen FC que se mira al espejo para reconocerse tras muchos años de misterios.

Más allá de la mística con la que se quiere envolver el resultado final en Celtic Park, éste, tiene mucho que ver con el trabajo de una banda de proscritos al servicio de un entrenador fracasado. El hombre que se esconde tras la copa se llama Derek McInnes y podía haber sido uno más del largo centenar de entrenadores escoceses que copan el cementerio del Championship inglés de no haber sido rescatado por Craig Brown, quien abandonó el banquillo don en marzo de 2013 para ocupar el puesto de Football Director, proponiendo el nombre de un aventajado técnico de la escuela del Rangers que había sido víctima de la esquizofrenia que se apoderó del ambicioso proyecto del Bristol City.

Ya desde su primer minuto en Pittodrie, McInnes, dejó patente la claridad de ideas que le caracteriza. «Había que reformar de arriba abajo el departamento de fútbol» dice, «nada más llegar al club entendí porqué nunca estábamos en la pelea. Y esto no es una crítica al pasado, es simplemente una realidad. Vi que el departamento ni estaba trabajando bien ni estaba poniendo toda su energía al servicio del equipo, corregimos eso y empezamos a darle al roster todo lo necesario». Durante los últimos 19 años la alargada sombra de Ferguson ha ido engullendo una interminable lista de técnicos que no han sabido sobrevivir a su legado, presentándose martilleante cual fantasma de castillo en los despachos de los managers aberdonians; sin embargo, el resurgir del gran cub del norte que muchos empiezan a intuir se cimienta precisamente sobre los métodos de un Ferggie que habló del United que encontró a finales de los ochenta del mismo modo que lo hacía McInnes del Aberdeen que le contrató en la primavera de 2013. «Es muy fácil culpar a los jugadores de no dar resultados, pero no tolero eso cuando es el club el que no está poniendo todo lo necesario al servicio de los muchachos para que puedan ganar el partido del sábado». En su presentación dejó patente que no había aterrizado en la entidad para pasar el rato: «Pertenezco a una generación que sabe de los éxitos del Aberdeen, vengo con la intención de poder repetirlos». Apenas le ha hecho falta un año para cumplir aquel órdago.

Pero, ¿de dónde sacó McInnes tantos motivos para la esperanza? «Dejamos salir a muchos jugadores y fichamos a cinco o seis caras nuevas. Teníamos la esperanza de poder conjuntar un grupo en poco tiempo. Durante la pretemporada hablé individual y colectivamente con los futbolistas y enseguida me di cuenta de la ambición que había, teníamos la base y el hambre necesario para hacer grandes cosas a poco que supiéramos darle consistencia al equipo. Todos los clubes hacen sus previsiones y hablan de sus posibilidades de ganar copas, pero para mí ha sido más importante construir un equipo regular en su rendimiento, ese fue el verdadero reto». En esta modelación de una nueva identidad el beneficiado ha sido el joven Peter Pawlet, un escurridizo centrocampista, más famoso por sus piscinazos que por su fútbol, que ha encontrado en su nueva posición de central el rol que necesitaba para destaparse como una de las mayores promesas del fútbol escocés. Sobre él y sobre Willo Flood - «es mi extensión en el campo», dice McInnes - gira la nueva hornada de talentos a orillas del river don. El ex del Dundee Utd tenía un pie y medio fuera del equipo cuando el viejo entrenador del St.Johnstone tomó el mando; apenas bastaron un par de charlas entre ambos para que Willo aceptara portar el estandarte de la nueva edad de oro del club norteño.

Pero entre managers reformistas y un grupo de jóvenes talentosos también hay espacio para las historias humanas. Uno de los héroes de la final disputada el pasado 16 de marzo es el portero del equipo, Jaime Langfield, un tipo de 34 años que posa feliz junto al trofeo para finiquitar con ese simple gesto aquellos años turbios en los que llegó a estar cara a cara con la misma muerte. Langfield sufrió en 2011 un ataque cerebral que le dejó pendiendo de un hilo; tras dos años de dura rehabilitación sus únicas pretensiones eran poder jugar de forma espontánea al fútbol en algún equipo de divisiones inferiores, «Para mí esto es algo increíble, estas cosas normalmente no suelen pasar, creo que tendré una sonrisa permanente en mi cara» dice mientras no se separa de la copa. No es para menos, tampoco su afianzamiento en el once fue fácil, su proceso de recuperación comportó fallos motrices que le llevaron a sospechar que nunca lo conseguiría.

Aunque Langfield no es el único desecho rehabilitado por McInnes. El capitán del equipo, Russell Anderson, a sus 35 años, se ha reencontrado en Pittodrie con su viejo 'yo'. Anderson formó parte del último gran Aberdeen que a principios de siglo perdió sendas finales ante Celtic y Rangers para marcharse al Championship inglés en busca de gloria y dinero. Tras sufrir varias lesiones de rodilla y llevar año y medio sin equipo recibió una llamada de McInnes para incorporarlo a su escuadrón de batalla. El viejo perro de presa luce nueva armadura en su segunda etapa y ya se ha convertido en todo un símbolo de este equipo. Al igual que Scot Vernon, un out-sider de la League One inglesa, donde ha militado en media docena de equipos sin demasiada suerte hasta encontrar en manos de McInnes su momento. «McInnes está tratando de construir algo grande en Aberdeen, todo el vestuario está con él, convencido de continuar a su lado, sabemos que si seguimos juntos un par de años más podemos lograr grandes cosas». Los rumores apremian y ya hay quien apunta que el futuro próximo de McInnes está en Ibrox Park, sobre todo si en mayo es capaz de ganarle la FA Cup a The NewCo; popularmente conocido como el nuevo Rangers.

Mientras 'Don't you want me' sigue martirizando los oídos de los británicos - no ha envejecido demasiado bien - hay un hombre feliz en todo este embrollo aberdonian que por fin puede salir a la calle para ser agasajado en lugar de recibir los habituales insultos. Stewart Milne es uno de esos millonarios que decidió adentrarse en el fútbol para rescatar de la ruina al Aberdeen. Aunque ya pocos lo recuerden, gracias a su dinero el club ha podido sobrevivir a su etapa más oscura, aquella que le llevó a ser colista de primera, salvándose de su único descenso en 100 años de historia gracias a una ampliación de la liga a 12 equipos. Durante demasiadas temporadas los hinchas del Aberdeen le han acusado de no hacer nada por resucitar la entidad y devolverle sus años de gloria a pesar de ser una de las mayores fortunas del Reino Unido. Ante esas acusaciones Milne siempre se ha defendido alegando cordura, «no se trata de dilapidar dinero, se trata de construir un proyecto sólido desde la base». Le ha costado ocho años y la desaparición del Rangers conseguirlo, pero no se le puede negar que su paciencia está dando sus primeros frutos. Ahora, tras muchos problemas, parece que el club lo tiene todo de cara para irrumpir con fuerza en la élite. Aquellos años 90 de depresión, que llevó a la región a tasas de paro del 50% tras la reforma industrial que acabó con una economía basada en la minería y la industria ballenera, arrastrando con ello al club de fútbol, han dejado paso a una ciudad que se ha convertido en la capital europea del petróleo.

Con la copa de la liga en sus vitrinas y el subcampeonato de liga prácticamente asegurado, el nuevo reto de este Aberdeen ganador es levantar la Copa de Escocia. Cabrá esperar a ver el papel del equipo de McInnes durante la próxima temporada, y sobre todo, qué papel jugará si el regreso del Rangers a primera se produce en los plazos previstos. Aunque hay voces que no auguran un futuro prometedor a The NewCo en la Premier. El empecinamiento de la nueva empresa por continuar siendo el Rangers aún jugando en tercera le ha llevado a acumular deudas y problemas financieros que hace pensar a muchos analistas que el club tendrá tantos problemas una vez regrese a primera división que su economía se verá tan lastrada - el fantasma de caer en  administración planea sobre Ibrox - que no tendrá la capacidad financiera suficiente para luchar por el título. Mientras eso llega, y aprovechando el tirón del éxito reciente, McInnes se verá con fuerzas para seguir exigiendo mejoras, como conseguir tener una ciudad deportiva propia - algo de lo que carece el club -, Milne, con los 40 mil aberdonians que se dieron cita en Celtic Park podrá retomar su viejo sueño de construir un nuevo estadio que ayude a reactivar las ansias de gloria del club. Y los hinchas, mientras entonan el 'Don't you want me' siguen tan optimistas como siempre; como aquel verano en el que impulsaron una campaña a nivel nacional para instar a los clubes a llenar sus estadios a modo de acallar las voces que auguraron que la Scott Premier League estaba muerta tras la desaparición del Rangers. Y puede que haya muerto, pero sobre su cadáver se levanta un nuevo Aberdeen que va a por todas.

5 ene. 2014

El Bayern lo hace por joder


Hace un año, más o menos por estas fechas, el Bayern anunciaba que había llegado a un acuerdo con Guardiola para hacerse cargo del equipo. Las reacciones fueron inmediatas. El sur de Europa limpió de las librerías cualquier libreto que hablara de la Bundesliga para poder ir de expertos por la vida y poder documentar los pasos del Eau de Pep por tierras teutonas. La prensa germana, sin embargo, se lanzó a criticar al club de Hoeness por su falta de tacto y el desprecio implícito que comportaba el anuncio hacia la figura de Jupp Heynckes, un tipo que hasta ese momento estaba firmando números de récord, y que incluso había dejado abierta la puerta a continuar un año más en el club si conseguían la Champions. El entrenador del Bayern se convirtió de repente en santo, en mártir. El hombre que encajó con estoico pragmatismo las furibundas críticas que le dedicó su director deportivo tras perder en Bielorusia se paseaba por las salas poniendo cara de tomate ante los micrófonos, respondiendo con monosílabos las preguntas que avezados reporteros le lanzaban:

- ¿Se siente humillado por el club?

- No - respondía - .

Y eso que la contratación de Pep fue vendida por la entidad con palabras como 'necesitamos alguien joven, que aporte métodos modernos para adaptarnos al fútbol actual'.

Ayer, al medio día, la prensa empezó a especular sobre la estancia de Lewandowski en Munich para cerrar su contratación por el Bayern, algo que el club muniqués quiso atajar de inmediato confirmando vía comunicado que, efectivamente, el delantero polaco del Dortmund ficharía para las próximas cinco temporadas por el conjunto de Guardiola. La noticia ha sido recibida con alboroto en gran parte del viejo continente, pero en Alemania se han vuelto a generar críticas hacia las formas del club bávaro. 'Un acto de deslealtad y un ataque a la competición' rezaba algún rotativo nacional. 'Una pésima noticia para la Bundesliga' decía algún que otro analista en twitter. '¿Qué será ahora de Mandzukic?' preguntan otros. La preocupación por el actual 9 del equipo, que le ha sacado las castañas del fuego en más de una ocasión al roster, ha crecido hasta alcanzar los niveles de Heynckes. Seguramente la primera pregunta que le realicen será del tipo: 'Mandzukic, ¿te sientes despreciado por el club?' y el croata poniendo cara de tomate responderá: - No.

Otras voces preguntan qué opinión guarda Pep sobre la contratación del espigado ariete borusser. 'Guardiola no quería a Lewandowski, pero ha tenido que aceptar la contratación porque ya estaba hecha desde hace un año' apunta hoy en una columna de opinión el Süddeutsche Zeitung, el gran diario muniqués. Sin ir muy lejos, este verano el entrenador catalán se las tuvo tiesas con Mandzukic, un incipiente 'caso Ibrahimovic' que ha sabido corregir a tiempo. Aunque el Bayern parece jugar mejor cuando no tiene una referencia en ataque. A Pep, los delanteros, y más de ese estilo, parecen molestarle.

Si el Bayern es el único club germano que ha conseguido sobrevivir a las modas y a las épocas es precisamente porque es el único club germano que ha pasado olímpicamente de las modas y de las épocas. Si el reglamento le permite fichar y anunciar un acuerdo con alguien en enero lo hace, además, el cuadro del sur de Alemania es un especialista en robar a sus principales competidores los mejores jugadores que posean. Al Stuttgart de Magath le 'virló' tres futbolistas, al pobre Schalke lo tiene martirizado, Neuer sólo es el último caso de una extensa lista. Hoffenheim, Wolfsburgo, al Leverkusen finalista de champions, al Kaiserlautern campeón, al incipiente Gladbach de Lucien Favre... Se hacen valer de su superioridad financiera para reforzarse dinamitando a la competencia. Poco les importa gastarse 25 millones en un portero o 35 en un mediapunta, se pueden permitir todo lo que quieran y más.

La gran virtud de la contratación del punta polaco es que lo han conseguido fichar sin desembolsar un céntimo. Para la costumbre 'sureña' puede parecer una aberración que una entidad deje escapar a un jugador de ese calibre sin ingresar un euro por ello. Sin embargo, en el mundo centro-europeo está a la orden del día dejar libres a los futbolistas independientemente de su estatus. Es normal que las entidades anuncien a principios de temporada que no han llegado a ningún acuerdo para renovar a X jugador y que por lo tanto saldrá libre cuando así lo dicte el contrato. El propio BVB lo hizo con Lewandowski, aunque apuntando a que seguirían luchando para convencerlo de ello. Aún con todo el Dortmund no deja de ser una entidad media dentro del estatus alemán, por presupuesto es un equipo de Europa League, y tampoco tiene demasiada capacidad para pagar a sus mejores jugadores. Puede permitirse desembolsar 3,5 millones netos, pero entidades como el Wolfsburgo desembolsan hasta 7 kilos libres de polvo y paja a sus estrellas. Schalke o Hamburgo también tienen mayor capacidad para ofrecer fichas más suculentas a sus futbolistas referencia.

El gran aliciente de esta contratación reside en ver como encaja el jugador en el dinámico estilo de Guardiola, más pensado para mediaspuntas que para delanteros. Tampoco le importará a nadie si el jugador fracasa, llegó gratis y sirvió para debilitar al gran oponente del momento. Muchos otros firmaron con más fanfarria y acabaron saliendo por la puerta de atrás, y por el camino, el club se quitó de en medio al peor de sus enemigos. El Bayern estas cosas las hace más por joder, más que reforzarse busca debilitar al que osa cuestionar su estatus en el fútbol alemán. Y le funciona.

6 oct. 2013

Soy el L'kusen y quiero que me querais

Stefan Reinartz, de 24 años, vive en el centro de Colonia. Capital de una región copada de pubs donde sólo se respira fútbol. Durante los descansos se puede contemplar hileras de personas invadiendo las aceras y escupiendo humo de tabaco por sus narices, hablando del partido y discutiendo sobre el último fuera de juego mientras maldicen el frío que hace en la calle, desprovistos del calor en suspensión que invaden los interiores de los bares. Reinartz no tiene ningún problema en cruzar ese río de aficionados del Colonia rumbo a su casa, ni de mezclarse con ellos para tomarse una birra con algún familiar que llega de visita, pasa desapercibido a pesar de militar en el Leverkusen y ser uno de los pilares de la nueva hornada que nutre la selección alemana. Su anónima incursión en territorio del FC Köln puede parecer un gesto positivo, pero no es nada sorprendente. Y ello no tiene que ver tanto con él y su desapego por la estridencia, sino más bien con el equipo en el que juega.

Esta semana tras el triunfo ante la Real Sociedad en Champions League se congratulaba de que el grupo siguiera su habitual tónica positiva, pero lamentaba que no hubiera nadie para hablar del excelente trabajo que están realizando. Para los medios y el aficionado alemán el Leverkusen parece no existir a pesar de que la institución se ha consolidado como la tercera potencia del campeonato teutón. "Nunca he visto aquí a nadie mostrar euforia ni entusiasmo a pesar de nuestros buenos resultados" dijo ante los micrófonos. "Me abruman tantos titulares" soltó haciendo uso de la ironía. Reinartz lleva 10 años jugando para el Bayer 04, y a pesar de que la ausencia de ruido mediático es vendida como una ventaja competitiva, el jugador echa en falta la atención de un entorno, que de afirmarse su inexistencia, se acertaría en la mayoría de las ocasiones. El club es víctima de vivir a la sombra de los grandes clubes de la región. Su nuevo CEO, Michael Schade, que sustituyó el pasado martes al histórico Wolfgang Holzhäuser en su puesto, a pesar de todo se muestra satisfecho por el interés de los aficionados locales, que apenas dejan 2000 entradas por vender en sus partidos en el BayArena.

El nuevo mandamás quiere asegurarse que en el futuro, al menos en dos tercios de los encuentros como local, se cuelgue el cartel de todo vendido, y para ello, ha emprendido una ambiciosa política de renovación de puestos comerciales del estadio, incluyendo nuevos puntos de venta de comida rápida y paquetes de entradas más sociales. Parece un inicio moderado respecto a su antecesor, que sumió a la entidad en el alboroto cuando confesó su intención de convertir al Kusen en la segunda entidad más popular del país, lo que desató una oleada de mofas y burlas provenientes de todos los sectores de la Bundesliga. Jugadores como Rolfes, Castro, Reinartz o Kiessling dotan al equipo de un rostro familiar, dándole una patina de juventud y vitalidad acompañada de un fútbol feroz y atractivo que da resultados, pero el éxito no siempre resulta sexy. Un estudio de mercado publicado por la liga la pasada primavera refleja que en términos de audiencia el Leverkusen no despierta grandes hostilidades, pero tampoco demasiadas simpatías, más bien infunda en el espectador un preocupante sentimiento de indiferencia.

Probablemente Sami Hyypia usará en toda su vida menos palabras de las que pronuncie el histórico dirigente del Bayer Reiner Clamund en una tarde de café y pastas. El finés es desde el pasado verano el responsable del banquillo aspirinero, y ya levanta adhesiones y sentimientos suficientes para convertirse en una figura de culto. Los jugadores adoran a su técnico no sólo por ser una vieja gloria del fútbol sino por ser un modelo profesional en el que se ven reflejados, su comportamiento como entrenador, dicen, no difiere del que tenía en su etapa de compañero - no hace más de año y medio - cuando compartían alineación sobre el césped. "Es exactamente igual que cuando lo conocí" dice Bernd Leno, quien vivió los primeros días de Hyypia al frente del banquillo tras la destitución de Robin Dutt. Sobre la lápida del excentral podría definirse el Bayer Leverkusen. Una persona de extremada tranquilidad, trabajadora, estudiosa y que se sabe rodear de los mejores expertos para formar un equipo de trabajo que da resultados excepcionales. Es la realidad del Bayer 04, un club que ha conseguido reunir todas las virtudes que debe poseer cualquier entidad que se precie, y sin embargo, lo único que le falta parece no poder conseguirlo.

1 oct. 2013

El éixto emocional del BVB

Protagonizó una curiosa anécdota en un céntrico distrito parisino al abandonar aquél hotel ataviado con el chándal oficial en vísperas de un partido de Europa League. Un grupo de aficionados se acercaron a él para charlar y acto seguido una nube de periodistas franceses le persiguieron intentando arrancarle alguna declaración, al que suponían, era integrante del equipo alemán. «No soy jugador, soy una persona poco importante del club» dijo. A sus 43 años Carsten Cramer aparenta físico de futbolista, y su costumbre de acompañar al grupo con cómodos ropajes le ayudan a confundirse con la tropa del Dortmund. Pero a pesar de su camuflaje nunca tuvo nada que ver con el césped y el pegarle patadas a un balón. Su cometido, más bien, es sacarle dinero al esférico para poder alimentar al roster.

Desde su oficina en la quinta planta se vislumbra el Westfalen Stadion. A lo lejos, el luminoso de Signal Iduna recuerda que hace siete años se vendieron los derechos del naming por varios millones de euros. Cerca de allí, al otro lado de la pared, transpira el despacho de Hans-Joachim Watzke, CEO y alma máter del club, y un poco más allá, está la casi siempre desocupada silla del presidente Reinhard Rauball. Es la planta noble, donde reside el poder del equipo aurinegro, en la que se toman las decisiones que han sacado al club teutón de la ruina hasta situarlo en la élite del fútbol mundial. Estos tres personajes personifican el éxito empresarial germano, hasta el punto de ser conocidos como la 'supertroika' por su pericia a la hora de regenerar una economía deprimida desoyendo las tesis del austericidio con las que predica Bruselas.

En el BVB todo se discute y sopesa en la quinta planta cumpliendo con la máxima que gusta repetir a su consejero delegado: «aquí todos los problemas son importantes». Recientemente la entidad rechazó subir diez céntimos el precio de la cerveza que se vende en el estadio por ir contra los intereses de sus aficionados. Una medida de más calado fue rechazar un oferta de 6 millones anuales de Viagogo porque atentaba contra los valores de la marca BVB, asentados en la honestidad, el respeto al aficionado y la pasión. 'Echte Liebe' (verdadero amor) es el lema que rige en el corazón de Westfalia desde hace cinco años. «En Dortmund ni siquiera hay un hotel de cinco estrellas, no podemos aprovecharnos de la ciudad ni de la región, lo único que tenemos son nuestros aficionados» confiesa un Cramer que levantó su historia sobre esos cimientos cuando aterrizó en el club en 2008.

En el vídeo se observa como un líquido amarillo sale del brazo de los aficionados para llenar bolsas de sangre con algo llamado 'adrenaline', que vía transfusión, transmite energía a jugadores y entidad en su objetivo de regresar a la élite. Era la primera campaña con la que se daba el pistoletazo de salida a los valores que se implantaron en la nueva etapa. La intención era conectar emocionalmente a club, aficionados y patrocinadores, y acabó siendo un éxito rotundo según confesó Cramer en el Ruhr-Nachrichten hace unos meses: «Para muchas empresas el BVB no es una inversión rentable, pero les fascina todo lo que hemos sabido representar, la unión, la emoción, la pasión en el trabajo diario, la superación, el sentimiento de pertenencia... todo eso hace que acaben quedándose con nosotros».

En su escalada hacia la recuperación Watzke necesitaba encontrar una ventaja comparativa respecto a otros clubes, así que lejos de recortar gastos y cerrar grifos, decidió dirigir la inversión hacia departamentos productivos. La profesionalización finalizó con Carsten Cramer en la dirección de marketing y empezó por la ciudad deportiva, dotándola de un sofisticado sistema de scouting y captación de jugadores. «Muchos equipos cuentan con academias como la nuestra, pero ninguno tiene un sistema de captación como este, y ahí reside nuestra verdadera ventaja» dijo recientemente un orgulloso Rauball. El BVB cuenta con 10 técnicos a tiempo completo esparcidos por media Europa que ganan unos 15 mil euros mensuales, su misión es analizar hasta el último bit de información que les llega de un jugador realizando un seguimiento que va mucho más allá de sus aptitudes futbolísticas. Aspectos como la psicología, el carácter, su forma de entrenar, su adaptación a los cambios o sus hábitos personales son estudiados y seguidos minuciosamente. Es la ventaja comparativa de Watzke, la seguridad de apostar sin riesgos por un futbolista.

Con la llegada de Klopp y su 'fútbol eléctrico' empezó a gestarse la identidad del nuevo BVB, poniéndole rostro a la nueva filosofía de club sostenible y arraigado en su entorno mediante una imagen corporativa coherente y honesta para alcanzar el gran objetivo de la entidad: Ser una empresa moderna y no dependiente económicamente de los éxitos deportivos. Desde el despacho de Cramer se ha moldeado el club a sus necesidades, hasta conseguir transmitir un único discurso, recorrer un único camino, y para ello ha sido vital el poder que le otorgó desde el primer día el CEO de la empresa. «El apoyo que recibo de él es fundamental, si tuviera que consultar cada decisión, cada acción y esperar que fuera aprobada esto no funcionaria y no haría de mi trabajo algo tan emocionante, la confianza que depositó desde el primer día en mi departamento ha sido vital para la transformación del BVB».

Para este munsteriano de 43 años que compra el pan todas las mañanas acompañado de su hijo de cuatro años hay una solución para cada problema. A pesar de las dificultades y los handicaps con los que cuenta el Dortmund ha conseguido que las mejores empresas del país acaben firmando con ellos. Pero su trabajo no solo se mueve entre licencias oficiales, ventas y patrocinios, el departamento de comunicación es dependiente de la jefatura de marketing, la encargada de transmitir el mensaje y abrir las puertas de la internacionalización del club. La TV oficial ya emite gran parte de su programación en inglés, y el bilingüismo está fuertemente arraigado en la entidad, es el camino que está emprendiendo para abrirse al mundo, tanto, que próximamente sus contenidos televisivos serán ofrecidos en Oriente y Asia por plataformas digitales como Al-Jazeera Sports.

En la 'quinta planta' preparan el siguiente paso, ya que el objetivo de ser una entidad no dependiente del éxito deportivo se alcanzó durante el pasado curso. El BVB firmó en 2012 los 200 millones de euros de ingresos, y en Junio de 2013 se situó en 230, cifras llamativas teniendo en cuenta que en 2008 el club tenia dificultades para llegar a los 100 millones de ingresos fijos. La mitad de las ganancias las genera el departamento de Cramer: «los ingresos comerciales del club muestran un crecimiento constante del 10%-15% anual, eso significa que la economía del Borussia está asegurada ante cualquier caída del nivel deportivo en los próximos años». Los mismos han pasado de 32 a 60 millones y los patrocinios de 38 a 57 millones en escasas cinco temporadas. Otra buena manera de medir el éxito es echarle un vistazo a las ventas de camisetas. Durante el pasado curso se alcanzaron las 350 mil unidades vendidas, por las 600 mil del Bayern de Munich, un tercio de ellas gestionadas en la remodelada tienda on-line del BVB, otro de los puntos fuertes de la estrategia digital del club.

Cramer ha sabido sacar provecho de la nueva imagen de marca del Dortmund, la autenticidad y la honestidad han sido recompensados por los aficionados con confianza y 'Echte liebe'. Sin embargo el vínculo emocional con el club no es un simple dibujo sobre su mesa. Realmente es algo vivo en la ciudad. Han conseguido que los días de partido sean días de fiesta, esbozando una sonrisa en el rostro de su gente, que a pesar de ser borrada por lagrimas en la derrota o el fracaso, siempre vuelve a los pocos días. La destacada labor de Cramer al frente del departamento le ha convertido en la persona más importante que trabaja en la escena del BVB, aunque en aquel momento en el que acompañó al equipo a París y salió del hotel para pasear no supiera que se convertiría en un pilar fundamental del club. «Cramer es uno de los mejores, y es nuestro» sentencia un orgulloso Watzke. Es el ejemplo de como un buen plan de marketing puede ayudar a resucitar una entidad hundida en la miseria.

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