5 ene 2014

El Bayern lo hace por joder


Hace un año, más o menos por estas fechas, el Bayern anunciaba que había llegado a un acuerdo con Guardiola para hacerse cargo del equipo. Las reacciones fueron inmediatas. El sur de Europa limpió de las librerías cualquier libreto que hablara de la Bundesliga para poder ir de expertos por la vida y poder documentar los pasos del Eau de Pep por tierras teutonas. La prensa germana, sin embargo, se lanzó a criticar al club de Hoeness por su falta de tacto y el desprecio implícito que comportaba el anuncio hacia la figura de Jupp Heynckes, un tipo que hasta ese momento estaba firmando números de récord, y que incluso había dejado abierta la puerta a continuar un año más en el club si conseguían la Champions. El entrenador del Bayern se convirtió de repente en santo, en mártir. El hombre que encajó con estoico pragmatismo las furibundas críticas que le dedicó su director deportivo tras perder en Bielorusia se paseaba por las salas poniendo cara de tomate ante los micrófonos, respondiendo con monosílabos las preguntas que avezados reporteros le lanzaban:

- ¿Se siente humillado por el club?

- No - respondía - .

Y eso que la contratación de Pep fue vendida por la entidad con palabras como 'necesitamos alguien joven, que aporte métodos modernos para adaptarnos al fútbol actual'.

Ayer, al medio día, la prensa empezó a especular sobre la estancia de Lewandowski en Munich para cerrar su contratación por el Bayern, algo que el club muniqués quiso atajar de inmediato confirmando vía comunicado que, efectivamente, el delantero polaco del Dortmund ficharía para las próximas cinco temporadas por el conjunto de Guardiola. La noticia ha sido recibida con alboroto en gran parte del viejo continente, pero en Alemania se han vuelto a generar críticas hacia las formas del club bávaro. 'Un acto de deslealtad y un ataque a la competición' rezaba algún rotativo nacional. 'Una pésima noticia para la Bundesliga' decía algún que otro analista en twitter. '¿Qué será ahora de Mandzukic?' preguntan otros. La preocupación por el actual 9 del equipo, que le ha sacado las castañas del fuego en más de una ocasión al roster, ha crecido hasta alcanzar los niveles de Heynckes. Seguramente la primera pregunta que le realicen será del tipo: 'Mandzukic, ¿te sientes despreciado por el club?' y el croata poniendo cara de tomate responderá: - No.

Otras voces preguntan qué opinión guarda Pep sobre la contratación del espigado ariete borusser. 'Guardiola no quería a Lewandowski, pero ha tenido que aceptar la contratación porque ya estaba hecha desde hace un año' apunta hoy en una columna de opinión el Süddeutsche Zeitung, el gran diario muniqués. Sin ir muy lejos, este verano el entrenador catalán se las tuvo tiesas con Mandzukic, un incipiente 'caso Ibrahimovic' que ha sabido corregir a tiempo. Aunque el Bayern parece jugar mejor cuando no tiene una referencia en ataque. A Pep, los delanteros, y más de ese estilo, parecen molestarle.

Si el Bayern es el único club germano que ha conseguido sobrevivir a las modas y a las épocas es precisamente porque es el único club germano que ha pasado olímpicamente de las modas y de las épocas. Si el reglamento le permite fichar y anunciar un acuerdo con alguien en enero lo hace, además, el cuadro del sur de Alemania es un especialista en robar a sus principales competidores los mejores jugadores que posean. Al Stuttgart de Magath le 'virló' tres futbolistas, al pobre Schalke lo tiene martirizado, Neuer sólo es el último caso de una extensa lista. Hoffenheim, Wolfsburgo, al Leverkusen finalista de champions, al Kaiserlautern campeón, al incipiente Gladbach de Lucien Favre... Se hacen valer de su superioridad financiera para reforzarse dinamitando a la competencia. Poco les importa gastarse 25 millones en un portero o 35 en un mediapunta, se pueden permitir todo lo que quieran y más.

La gran virtud de la contratación del punta polaco es que lo han conseguido fichar sin desembolsar un céntimo. Para la costumbre 'sureña' puede parecer una aberración que una entidad deje escapar a un jugador de ese calibre sin ingresar un euro por ello. Sin embargo, en el mundo centro-europeo está a la orden del día dejar libres a los futbolistas independientemente de su estatus. Es normal que las entidades anuncien a principios de temporada que no han llegado a ningún acuerdo para renovar a X jugador y que por lo tanto saldrá libre cuando así lo dicte el contrato. El propio BVB lo hizo con Lewandowski, aunque apuntando a que seguirían luchando para convencerlo de ello. Aún con todo el Dortmund no deja de ser una entidad media dentro del estatus alemán, por presupuesto es un equipo de Europa League, y tampoco tiene demasiada capacidad para pagar a sus mejores jugadores. Puede permitirse desembolsar 3,5 millones netos, pero entidades como el Wolfsburgo desembolsan hasta 7 kilos libres de polvo y paja a sus estrellas. Schalke o Hamburgo también tienen mayor capacidad para ofrecer fichas más suculentas a sus futbolistas referencia.

El gran aliciente de esta contratación reside en ver como encaja el jugador en el dinámico estilo de Guardiola, más pensado para mediaspuntas que para delanteros. Tampoco le importará a nadie si el jugador fracasa, llegó gratis y sirvió para debilitar al gran oponente del momento. Muchos otros firmaron con más fanfarria y acabaron saliendo por la puerta de atrás, y por el camino, el club se quitó de en medio al peor de sus enemigos. El Bayern estas cosas las hace más por joder, más que reforzarse busca debilitar al que osa cuestionar su estatus en el fútbol alemán. Y le funciona.

6 oct 2013

Soy el L'kusen y quiero que me querais

Stefan Reinartz, de 24 años, vive en el centro de Colonia. Capital de una región copada de pubs donde sólo se respira fútbol. Durante los descansos se puede contemplar hileras de personas invadiendo las aceras y escupiendo humo de tabaco por sus narices, hablando del partido y discutiendo sobre el último fuera de juego mientras maldicen el frío que hace en la calle, desprovistos del calor en suspensión que invaden los interiores de los bares. Reinartz no tiene ningún problema en cruzar ese río de aficionados del Colonia rumbo a su casa, ni de mezclarse con ellos para tomarse una birra con algún familiar que llega de visita, pasa desapercibido a pesar de militar en el Leverkusen y ser uno de los pilares de la nueva hornada que nutre la selección alemana. Su anónima incursión en territorio del FC Köln puede parecer un gesto positivo, pero no es nada sorprendente. Y ello no tiene que ver tanto con él y su desapego por la estridencia, sino más bien con el equipo en el que juega.

Esta semana tras el triunfo ante la Real Sociedad en Champions League se congratulaba de que el grupo siguiera su habitual tónica positiva, pero lamentaba que no hubiera nadie para hablar del excelente trabajo que están realizando. Para los medios y el aficionado alemán el Leverkusen parece no existir a pesar de que la institución se ha consolidado como la tercera potencia del campeonato teutón. "Nunca he visto aquí a nadie mostrar euforia ni entusiasmo a pesar de nuestros buenos resultados" dijo ante los micrófonos. "Me abruman tantos titulares" soltó haciendo uso de la ironía. Reinartz lleva 10 años jugando para el Bayer 04, y a pesar de que la ausencia de ruido mediático es vendida como una ventaja competitiva, el jugador echa en falta la atención de un entorno, que de afirmarse su inexistencia, se acertaría en la mayoría de las ocasiones. El club es víctima de vivir a la sombra de los grandes clubes de la región. Su nuevo CEO, Michael Schade, que sustituyó el pasado martes al histórico Wolfgang Holzhäuser en su puesto, a pesar de todo se muestra satisfecho por el interés de los aficionados locales, que apenas dejan 2000 entradas por vender en sus partidos en el BayArena.

El nuevo mandamás quiere asegurarse que en el futuro, al menos en dos tercios de los encuentros como local, se cuelgue el cartel de todo vendido, y para ello, ha emprendido una ambiciosa política de renovación de puestos comerciales del estadio, incluyendo nuevos puntos de venta de comida rápida y paquetes de entradas más sociales. Parece un inicio moderado respecto a su antecesor, que sumió a la entidad en el alboroto cuando confesó su intención de convertir al Kusen en la segunda entidad más popular del país, lo que desató una oleada de mofas y burlas provenientes de todos los sectores de la Bundesliga. Jugadores como Rolfes, Castro, Reinartz o Kiessling dotan al equipo de un rostro familiar, dándole una patina de juventud y vitalidad acompañada de un fútbol feroz y atractivo que da resultados, pero el éxito no siempre resulta sexy. Un estudio de mercado publicado por la liga la pasada primavera refleja que en términos de audiencia el Leverkusen no despierta grandes hostilidades, pero tampoco demasiadas simpatías, más bien infunda en el espectador un preocupante sentimiento de indiferencia.

Probablemente Sami Hyypia usará en toda su vida menos palabras de las que pronuncie el histórico dirigente del Bayer Reiner Clamund en una tarde de café y pastas. El finés es desde el pasado verano el responsable del banquillo aspirinero, y ya levanta adhesiones y sentimientos suficientes para convertirse en una figura de culto. Los jugadores adoran a su técnico no sólo por ser una vieja gloria del fútbol sino por ser un modelo profesional en el que se ven reflejados, su comportamiento como entrenador, dicen, no difiere del que tenía en su etapa de compañero - no hace más de año y medio - cuando compartían alineación sobre el césped. "Es exactamente igual que cuando lo conocí" dice Bernd Leno, quien vivió los primeros días de Hyypia al frente del banquillo tras la destitución de Robin Dutt. Sobre la lápida del excentral podría definirse el Bayer Leverkusen. Una persona de extremada tranquilidad, trabajadora, estudiosa y que se sabe rodear de los mejores expertos para formar un equipo de trabajo que da resultados excepcionales. Es la realidad del Bayer 04, un club que ha conseguido reunir todas las virtudes que debe poseer cualquier entidad que se precie, y sin embargo, lo único que le falta parece no poder conseguirlo.

1 oct 2013

El éixto emocional del BVB

Protagonizó una curiosa anécdota en un céntrico distrito parisino al abandonar aquél hotel ataviado con el chándal oficial en vísperas de un partido de Europa League. Un grupo de aficionados se acercaron a él para charlar y acto seguido una nube de periodistas franceses le persiguieron intentando arrancarle alguna declaración, al que suponían, era integrante del equipo alemán. «No soy jugador, soy una persona poco importante del club» dijo. A sus 43 años Carsten Cramer aparenta físico de futbolista, y su costumbre de acompañar al grupo con cómodos ropajes le ayudan a confundirse con la tropa del Dortmund. Pero a pesar de su camuflaje nunca tuvo nada que ver con el césped y el pegarle patadas a un balón. Su cometido, más bien, es sacarle dinero al esférico para poder alimentar al roster.

Desde su oficina en la quinta planta se vislumbra el Westfalen Stadion. A lo lejos, el luminoso de Signal Iduna recuerda que hace siete años se vendieron los derechos del naming por varios millones de euros. Cerca de allí, al otro lado de la pared, transpira el despacho de Hans-Joachim Watzke, CEO y alma máter del club, y un poco más allá, está la casi siempre desocupada silla del presidente Reinhard Rauball. Es la planta noble, donde reside el poder del equipo aurinegro, en la que se toman las decisiones que han sacado al club teutón de la ruina hasta situarlo en la élite del fútbol mundial. Estos tres personajes personifican el éxito empresarial germano, hasta el punto de ser conocidos como la 'supertroika' por su pericia a la hora de regenerar una economía deprimida desoyendo las tesis del austericidio con las que predica Bruselas.

En el BVB todo se discute y sopesa en la quinta planta cumpliendo con la máxima que gusta repetir a su consejero delegado: «aquí todos los problemas son importantes». Recientemente la entidad rechazó subir diez céntimos el precio de la cerveza que se vende en el estadio por ir contra los intereses de sus aficionados. Una medida de más calado fue rechazar un oferta de 6 millones anuales de Viagogo porque atentaba contra los valores de la marca BVB, asentados en la honestidad, el respeto al aficionado y la pasión. 'Echte Liebe' (verdadero amor) es el lema que rige en el corazón de Westfalia desde hace cinco años. «En Dortmund ni siquiera hay un hotel de cinco estrellas, no podemos aprovecharnos de la ciudad ni de la región, lo único que tenemos son nuestros aficionados» confiesa un Cramer que levantó su historia sobre esos cimientos cuando aterrizó en el club en 2008.

En el vídeo se observa como un líquido amarillo sale del brazo de los aficionados para llenar bolsas de sangre con algo llamado 'adrenaline', que vía transfusión, transmite energía a jugadores y entidad en su objetivo de regresar a la élite. Era la primera campaña con la que se daba el pistoletazo de salida a los valores que se implantaron en la nueva etapa. La intención era conectar emocionalmente a club, aficionados y patrocinadores, y acabó siendo un éxito rotundo según confesó Cramer en el Ruhr-Nachrichten hace unos meses: «Para muchas empresas el BVB no es una inversión rentable, pero les fascina todo lo que hemos sabido representar, la unión, la emoción, la pasión en el trabajo diario, la superación, el sentimiento de pertenencia... todo eso hace que acaben quedándose con nosotros».

En su escalada hacia la recuperación Watzke necesitaba encontrar una ventaja comparativa respecto a otros clubes, así que lejos de recortar gastos y cerrar grifos, decidió dirigir la inversión hacia departamentos productivos. La profesionalización finalizó con Carsten Cramer en la dirección de marketing y empezó por la ciudad deportiva, dotándola de un sofisticado sistema de scouting y captación de jugadores. «Muchos equipos cuentan con academias como la nuestra, pero ninguno tiene un sistema de captación como este, y ahí reside nuestra verdadera ventaja» dijo recientemente un orgulloso Rauball. El BVB cuenta con 10 técnicos a tiempo completo esparcidos por media Europa que ganan unos 15 mil euros mensuales, su misión es analizar hasta el último bit de información que les llega de un jugador realizando un seguimiento que va mucho más allá de sus aptitudes futbolísticas. Aspectos como la psicología, el carácter, su forma de entrenar, su adaptación a los cambios o sus hábitos personales son estudiados y seguidos minuciosamente. Es la ventaja comparativa de Watzke, la seguridad de apostar sin riesgos por un futbolista.

Con la llegada de Klopp y su 'fútbol eléctrico' empezó a gestarse la identidad del nuevo BVB, poniéndole rostro a la nueva filosofía de club sostenible y arraigado en su entorno mediante una imagen corporativa coherente y honesta para alcanzar el gran objetivo de la entidad: Ser una empresa moderna y no dependiente económicamente de los éxitos deportivos. Desde el despacho de Cramer se ha moldeado el club a sus necesidades, hasta conseguir transmitir un único discurso, recorrer un único camino, y para ello ha sido vital el poder que le otorgó desde el primer día el CEO de la empresa. «El apoyo que recibo de él es fundamental, si tuviera que consultar cada decisión, cada acción y esperar que fuera aprobada esto no funcionaria y no haría de mi trabajo algo tan emocionante, la confianza que depositó desde el primer día en mi departamento ha sido vital para la transformación del BVB».

Para este munsteriano de 43 años que compra el pan todas las mañanas acompañado de su hijo de cuatro años hay una solución para cada problema. A pesar de las dificultades y los handicaps con los que cuenta el Dortmund ha conseguido que las mejores empresas del país acaben firmando con ellos. Pero su trabajo no solo se mueve entre licencias oficiales, ventas y patrocinios, el departamento de comunicación es dependiente de la jefatura de marketing, la encargada de transmitir el mensaje y abrir las puertas de la internacionalización del club. La TV oficial ya emite gran parte de su programación en inglés, y el bilingüismo está fuertemente arraigado en la entidad, es el camino que está emprendiendo para abrirse al mundo, tanto, que próximamente sus contenidos televisivos serán ofrecidos en Oriente y Asia por plataformas digitales como Al-Jazeera Sports.

En la 'quinta planta' preparan el siguiente paso, ya que el objetivo de ser una entidad no dependiente del éxito deportivo se alcanzó durante el pasado curso. El BVB firmó en 2012 los 200 millones de euros de ingresos, y en Junio de 2013 se situó en 230, cifras llamativas teniendo en cuenta que en 2008 el club tenia dificultades para llegar a los 100 millones de ingresos fijos. La mitad de las ganancias las genera el departamento de Cramer: «los ingresos comerciales del club muestran un crecimiento constante del 10%-15% anual, eso significa que la economía del Borussia está asegurada ante cualquier caída del nivel deportivo en los próximos años». Los mismos han pasado de 32 a 60 millones y los patrocinios de 38 a 57 millones en escasas cinco temporadas. Otra buena manera de medir el éxito es echarle un vistazo a las ventas de camisetas. Durante el pasado curso se alcanzaron las 350 mil unidades vendidas, por las 600 mil del Bayern de Munich, un tercio de ellas gestionadas en la remodelada tienda on-line del BVB, otro de los puntos fuertes de la estrategia digital del club.

Cramer ha sabido sacar provecho de la nueva imagen de marca del Dortmund, la autenticidad y la honestidad han sido recompensados por los aficionados con confianza y 'Echte liebe'. Sin embargo el vínculo emocional con el club no es un simple dibujo sobre su mesa. Realmente es algo vivo en la ciudad. Han conseguido que los días de partido sean días de fiesta, esbozando una sonrisa en el rostro de su gente, que a pesar de ser borrada por lagrimas en la derrota o el fracaso, siempre vuelve a los pocos días. La destacada labor de Cramer al frente del departamento le ha convertido en la persona más importante que trabaja en la escena del BVB, aunque en aquel momento en el que acompañó al equipo a París y salió del hotel para pasear no supiera que se convertiría en un pilar fundamental del club. «Cramer es uno de los mejores, y es nuestro» sentencia un orgulloso Watzke. Es el ejemplo de como un buen plan de marketing puede ayudar a resucitar una entidad hundida en la miseria.

26 jul 2013

Duisburg o hacer un equipo en 11 días

Un hombre pálido y corpulento se esconde detrás del mostrador, de vez en cuando, si alguien quiere hacerse una foto con él, avanza entre el espacio libre que dejan los estantes, donde la temperatura respecto al exterior es elevada, para posar sonriente. El dependiente, al que algunos todavía reconocen, se muestra amable y servicial. "No lanzó el flash" le dice a algún aficionado que tiene problemas con su cámara.

Tras contentar las peticiones de los curiosos, vuelve a resguardarse a la espera de que le pidan un autógrafo, o alguien entre buscando el programa del partido que el MSV Duisburg disputará en su estreno en la 3.Liga ante el Heindenheim. La sombra tranquila y servicial que sale de su cueva para congratular las ilusiones de los clientes los días de partido se llama Michael Tönnies, y hubo un tiempo donde fue una leyenda del fútbol alemán. Su hattrick en apenas cinco minutos a Oliver Kahn hace ya 20 años todavía está inscrito como un récord en la historia de una competición que acaba de cumplir 51 años.

Transcurridas dos décadas de aquello, ahora, alejado de las portadas de los periódicos y de la fanfarria que da la fama, ayuda por las tardes en la fanshop que el club tiene incrustada en las entrañas del estadio. Su figura se erige como una metáfora de la situación que esta viviendo la institución. Tras someterse hace unos años a un trasplante de pulmón, que acarreó algunos problemas no previstos, abandonó aquella incertidumbre para situarse en la actualidad en un estado inmejorable de salud. En aquel proceso, siempre contó con el apoyo del MSV, ahora, cuando es la entidad la que vive una larga e incierta enfermedad financiera que le sitúa al borde del precipicio, Tönnies arrima el hombro para ayudar en todo lo necesario.

Ambos simbolizan tradición y fútbol. Ambos son una institución en el Ruhr. El MSV, uno de los clubes fundadores de la Bundesliga en 1963, se ganó su derecho de permanecer en la segunda división el pasado curso, pero la DFB consideró que su situación económica era demasiado débil como para poder hacer frente a las exigencias financieras que requiere poder ejercerlo, retirándoles una licencia que ha acabado con los huesos de las cebras en la división de bronce. Una encarnizada lucha en los tribunales, días perdidos en recursos y apelaciones, propició que la institución apenas haya podido contar con tiempo suficiente para iniciar su regeneración deportiva en la nueva categoría.

En la actualidad solo tres miembros de la plantilla del pasado curso permanecen con contrato, alguno pendiente de su desvinculación. El caos vivido la describió acertadamente su presidente, Udo Kimse, la pasada semana: "Estamos subidos en el tren de la bruja". La encrucijada en la cual se ha visto involucrado la entidad no ha pasado desapercibida, viejos rivales como el Schalke donaron 500 mil euros para que pudieran hacer frente a su inscripción en la 3.Liga, evitando un mal mayor. Manifestaciones multitudinarias en la ciudad clamando apoyo, junto con las aportaciones de sus aficionados han conseguido que el Duisburg pueda devolver el préstamo amistoso al equipo minero en apenas unas semanas. Toda una muestra de orgullo.

Ivica Grlic, desesperado en la tarea de encontrar un entrenador a falta de 15 días para el inicio del campeonato, relata en los medios como un día, en pleno aeropuerto tras regresar de coleccionar su enésimo 'NO', atendió una llamada de teléfono en la que un hombre, sin rubor ni vergüenza alguna, le dijo que el reto de hacerse cargo del equipo, que no existía como tal, le parecía atractivo. El tipo en cuestión era Karsten Baumann, un modesto entrenador que ha hecho carrera en equipos como el Osnabrück o el Rot-Weiss Erfurt, entre otros.

Con una peluca y unas gafas de sol, se pasea por los campos de entrenamiento, visita partidos de los equipos inferiores del club y acude a amistosos de rivales de la zona que militan en divisiones inferiores. Necesita comprobar como se desenvuelven los jugadores sin saber que el nuevo entrenador está ante sus narices examinándolos, dispuesto a tomar una decisión. Tras la firma del contrato Baumann apenas cuenta con 11 días para preparar la temporada, no tiene tiempo para romanticismos ni charlas, hay que construir una plantilla en la que apenas hay tres profesionales en nomina.

"Necesitamos un poco de tiempo para recuperarnos después de la ruina, tenemos que empezar desde la base para devolverle la euforia a la ciudad. La ciudad necesita al MSV, tenemos que darlo todo por el club" dice Tönnies. Aunque todo parece funcionar mejor de lo esperado, la realidad todavía destaca por se crudeza. Con expectación desatada, los aficionados abarrotan el estadio para ver un equipo de chavales de 18 y 20 años sin ninguna experiencia, juntados en menos de 10 días, debutar con el primer equipo. Aunque el partido es reñido, el Heindenheim se impone por 0-1 al Dusiburg en los últimos minutos de encuentro.

En un ambiente festivo, el inicio del match se retrasó 10 minutos. 18 mil espectadores, recordando los tiempos en los que las cebras eran una entidad en la Bundesliga, despliegan gigantescas pancartas y lanzan miles de papeles y serpentinas cuando sus muchachos saltan al terreno de juego: "One club, one love" se puede leer en un fondo. "Los aficionados son conscientes de que el equipo necesita tiempo para poder rendir, eso lo saben, y por eso hoy lo han dado todo desde el principio" declaró tras el encuentro un Karsten Baumann que ya es un ídolo para unos aficionados que no saben como agradecerle que aceptara el cargo cuando nadie se atrevió a dar el paso.

El MSV Duisburg se presenta como una reinvención de sí mismo, aunque para volver al lugar que le corresponde tendrá que hacer un gran esfuerzo. "Serán dos años muy duros, especialmente este, vamos a tener que estar luchando todos por el mismo objetivo sin desfallecer" acaba llorando un Tönnies que tras el mostrador de su tienda va delineando una nueva estructura deportiva de la que se hará cargo mientras dure el melodrama de un club que un día llegó a ser el mismo Rurh.

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