10 may. 2013

Dresde lucha contra la violencia

El Dynamo Dresde tiene la peor de las reputaciones en el fútbol alemán. Sus aficionados llevan años trabajando muy duro para combatir esa imagen, pero la reincidencia de los grupos ultras y la imposibilidad de desprenderse de ellos les lleva a no tener demasiado éxito. Es un constante reiniciar y empezar de nuevo de cero. Crihstian Kabs lo sabe muy bien, trabajó para el Fanprojekt del Dynamo y ahora vive en Hamburgo por motivos de trabajo, aunque el trasfondo de su abandono tiene más que ver con los enfrentamientos tribales entre facciones. Huyó de su ciudad agotado de luchar contra los elementos. "Cualquier persona que vive en Dresde le encanta el fútbol, aunque tiene que soportar muchas cosas. La imagen de la violencia está profundamente ligada a la historia del club", también lo están una serie de estereotipos y prejuicios negativos. En parte adquiridos de la propia ciudad.

"El gran problema es que el Dynamo no puede volver a empezar de cero", dice Kabs más explicativo que acusador, "las viejas historias de violencia se tratan repetidamente en cronologías, libros, relatos..." Cronologías que no gustan, pero que describen los hechos. Sus aficionados suelen lucir con orgullo pancartas que llevan lemas como "excluidos de la Copa Europa 1991", "Batalla callejera en la Copa ante el Lok Leipzig 2007" o "Alboroto en el partido de Copa en Dortmund 2011". Todo esto ha dado forma a la reputación del club. Sus seguidores son ahora considerados "delincuentes reincidentes". Y eso, suena a rehabilitación imposible.

Actualmente el club no sólo lucha por mantenerse en la segunda división, también está inmerso en una batalla administrativa para evitar la exclusión de la DFB-POKAL de la próxima temporada. Es el segundo recurso que eleva el Dynamo a la corte permanente de arbitraje de la federación alemana. Los motivos del juicio fueron los incidentes violentos que tuvieron lugar en el partido de dicha competición ante el Hannover en Octubre de 2012, hechos que se unen a los del año anterior en Dortmund. Dresde no tiene más problemas de violencia que cualquier otra ciudad alemana, aunque la problemática en Sajonia es más publicitada que otras en los grandes medios de comunicación. La entidad trabaja a destajo desde hace años para solucionar todo esto, en el GlückGas Stadion hace mucho que no ocurre nada, ahora los problemas se han trasladado a los partidos que se juegan fuera de casa. "Los esfuerzos que hace el Dynamo por desgracia rara vez son tenidos en cuenta", dice Kabs. Suena a frustración.

En realidad hay aspectos que indican que el empeño del Dynamo ha dado sus frutos. Sobre el bloque K del estadio cuelga un panel luminoso que reza: "el racismo no es un grito de animación". Las escenas deleznables y las actitudes xenófobas ahora se han trasladado fuera del recinto gracias a una ardua labor educativa, proyectos sociales y una severa auto-regulación en las gradas. El reto es evitar que los aficionados más jóvenes de Dresde puedan ser influenciados por estas facciones. Pretenden secar sus caladeros. De los 46 clubes de aficionados oficiales que se encuentran inscritos en la página web de la asociación cinco son iniciativas enfocadas a evitar que los más sensibles puedan verse seducidos por la cultura de la violencia. Uno de ellos trabaja contra la discriminación, otro ayuda a los niños con menos recursos a visitar el estadio. Todo coordinado desde la sede del Fanprojekt situada en pleno centro de la ciudad, donde además de estas acciones ofrecen ayuda, tienen una bolsa de trabajo, talleres y charlas como vía para erradicar la violencia del fútbol local.

Los intentos de explicar por qué los aficionados en Dresde son así a menudo nos lleva a la recurrente historia de los frustrados perdedores de la reunificación. En los días de partido muchas familias acuden al estadio en largas caravanas de coches con niños y ancianos llenando el parking adyacente, la experiencia de acudir al fútbol afortunadamente se ha podido conservar no sin escatimar esfuerzos para evitar ahuyentar al aficionado medio por la cultura de la violencia que se asocia con la entidad. Esta estampa es el argumento recurrente que utiliza la institución contra la DFB y su política de castigos colectivos, "miren, la gran masa de aficionados del club se comporta pacíficamente, son gente respetable, son familias que acuden a ver a su equipo" vienen a decir. Y de momento, les ha servido para evitar sanciones mucho más duras. Pero ese resentimiento contra el oeste no cesa, y en Dresde está demasiado arraigado. En los medios locales es habitual leer homilías que acusan a las autoridades de tratar a sus aficionados como ganado, justificando la violencia en un constante viaje al rencor contra occidente.

Llama la atención que todas las noticias de actos de violencia vengan siempre de partidos disputados fuera de casa. Kabs explica esta contradicción: "En casa muchos de esos aficionados no acuden al campo, cuando hay un viaje se multiplica la afluencia de seguidores ultras muy por encima de lo habitual, y eso ocurre porque la fama de violencia que arrastramos atrae a mucha gente que se sube al carro, muchos de esos agregados son anarquistas, secesionistas, gente así que no le importa el fútbol, sólo acuden porque hay violencia y pueden expresar su rabia contra el oeste".

La resolución sobre la exclusión de la copa se espera para finales de Mayo. Si el tribunal vuelve a rechazar la apelación del Dynamo, el Fanprojekt teme que pondrá en riesgo todo el trabajo realizado para limpiar la imagen del club. Volverán a aflorar los reproches contra la Alemania Federal y el victimismo de la RDA tras la reunificación. Será otro reinicio y empezar de cero. "Y así es imposible", se lamenta Kabs.

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