9 sept. 2011

Ciudadano Magath.

Félix Magath contaba con una reputación inquebrantable en el fútbol germano. Rezumaba admiración por una hoja de servicios impoluta. Allá donde fue siempre triunfó, acabó siendo adorado por sus aficionados y dejando un reguero de respeto y amistad con aquellos dirigentes con los que había trabajado. Llegó al Wolfsburgo tras abandonar por la puerta de atrás el Bayern de Munich, un pequeño infierno donde la salida de Beckenbauer dejó vía libre a la intromisión crónica de Hoeness, que sin un Kaiser que le atara en corto, ha ido rompiendo con impunidad todos los códigos no escritos del fútbol.

En el equipo de la Volkswagen, con humildad y sin hacer demasiado ruido, alcanzó la gloria conquistando el titulo de liga. Una guinda a una carrera exitosa que dotó de épica a un currículum plagado de nombres ilustres. Magath iba camino de emular a los referentes históricos en los banquillos de la Bundesliga, hasta que se cruzó en su camino el Schalke.

En el Veltins su receta volvió a dar sus frutos. Un Kuranyi casi retirado rejuveneció 10 años dando lo mejor de si desde su salida del Stuttgart (donde curiosamente coincidió con Magath) Farfán dejó atrás sus problemas con el alcohol, perdió 15 kilos, y corrió la banda como jamás lo había hecho. Rafinha dejó de ser un insulso lateral para convertirse en aquello que siempre apuntó que era, un gran carrilero. En el Schalke había conseguido resucitar a una tropa de muertos incapaces de correr por el excesivo peso de sus cuentas corrientes. En el ultimo encuentro de la temporada, ya sin opciones reales de conquistar el titulo tras su derrota ante el Werder, el Veltins despidió en pie y en una atronadora ovación a su entrenador, que solo acompañado por sus inseparables gafas, dio una vuelta de honor en loor de multitudes.

A partir de ahí, la locura. Magath pedía refuerzos sin parar, obsesionado en su cruzada para devolver a la cuenca minera un titulo ligero tras 50 años de sequía. Poco le importó que la crisis se hubiera llevado por delante la empresa gerenciadora de los palcos VIP del estadio, provocando unas perdidas de 22 millones de euros que dejó a la institución en una situación limite. El entrenador exigía en todas y cada una de sus comparecencias publicas 30 millones para reforzar un equipo que le permitiera conquistar el mundo. Enfrentado al club, desmanteló la columna vertebral del equipo para conseguir dinero que reinvertir en jugadores nuevos, provocó dimisiones de directivos y dirigentes, y un enfrentamiento directo y publico con su presidente. Iniciada la liga, apenas tenia su equipo configurado, con escasos días de entrenamiento y una plantilla que no se conocía entre si. Los resultados fueron evidentes, los mineros firmaron su peor arranque de liga en 20 años.

Las ansias por refuerzos de Magath no cesaron, y en el mercado de invierno volvió a la carga. La masa social, en un principio posicionada de forma inquebrantable con su entrenador, fue virando su adhesión hasta romper relaciones. La FanKurve se vistió de blanco bajo el lema “somos un pequeño grupo de gente” en respuesta a una desfachatez de Magath ante aquellos que criticaban sus enfrentamientos internos. Pronto, las asociaciones de aficionados mostraron su preocupación lanzando una carta publica atemorizados por la peligrosa política de gasto que el “ mánager” había emprendido. Sin apoyos, ni resultados, llegó su destitución. Entre medio, decisiones absurdas, como hacer entrenar al equipo en pleno invierno a las 8 de la mañana, multas de 5000 euros a jugadores por perder balones en los partidos o no convertir ejercicios en los entrenamientos. Pura esquizofrenia.

Su segunda etapa en el Wolfsburgo no ha mejorado. Continua fichando sin parar, multando a jugadores por no recorrer cierta cantidad de kilómetros durante un partido, apartando a otros de la disciplina del club sin causa aparente y exigiendo dinero y más poder cada vez que tiene un micro delante. Este nuevo y enloquecido Magath ha encontrado en la prensa alemana su principal enemigo. Der Westen ha iniciado un debate nacional bajo el titular “¿Hay que parar a Félix Magath?”, su primera entrega, en dos editoriales enfrentadas entre el propio diario y el rotativo “RevierSport” le dedicó al entrenador epítetos como “el ultimo dictador de Europa”, “director de grupos desquiciado y sin ideas”, haciendo especial incidencia en los más de 80 jugadores que ha comprado en las dos ultimas temporadas, a colación de las insinuaciones que muchos sectores en Alemania han lanzado sobre posibles intereses en las comisiones y plusvalías en los traspasos que pudiera esconder. Por si todo esto no fuera suficiente, ex-jugadores suyos, como Lahm o Rafinha, en los últimos días han salido a la palestra criticando las artes nocivas de Magath a la hora de gestionar grupos de élite.

La empresa matriz del Wolfsburgo salió ayer a defender a capa y espada a su gerente. La automovilística respalda todas y cada una de las decisiones del entrenador, incluso aquellas de pedir cinco nuevos jugadores cuando se abra el mercado invernal. El tiempo dirá si la comparecencia publica del director general de la Volkswagen para mostrar su incondicional adhesión al entrenador es una pose o toda una declaración de intenciones, de momento, el mega-multimillonario proyecto de Félix en la casa de los Lobos no da resultados. El palacio que construyó el Ciudadano Kane, sigue frío y vacío, solo golpeado por los estruendosos sonidos de su desafiante esposa, una torpe cantante de opera.

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