31 may. 2011

Deutsche Mentalität.

cuando se habla de profesionales muchas veces se hace de forma superflua, abonandonos a un pequeño detalle sin importancia perdido en un amplio anecdotario. La profesionalidad dependiendo del lugar donde residas tiene un grado de importancia o significado distinto, que suele variar dependiendo de la cultura del esfuerzo instalada en cada sociedad. Tampoco hay que obviar que el modelo de gerencia o mánager ayuda a distinguir los diferentes tratos, al igual que el grado de responsabilidad que exige el entorno sobre un grupo de jugadores, que en las culturas europeas, no encuentran acomodo ni apoyo de ningún tipo entre la prensa afín.

Por eso idénticas situaciones en diferentes latitudes pueden generar resultados totalmente dispares. Hace pocos días Vranjes, jugador del Werder Bremen, destapó los infiernos que se vivían en las interioridades del vestuario del Weserstadion. Un clima de tensión perpetua y de enfrentamiento contra un entrenador, que en palabras del jugador, no dirigía la palabra al grupo, “salvo para hablar con sus tres o cuatro jugadores favoritos.” Sin embargo, ese sentimiento arraigado de rechazo, y esa división tribal entre grupos de futbolistas estuvo acompañada de resultados exitosos y de triunfos sonados sobre el terreno de juego. Una situación indentica en clubes del sur de Europa habrían acabado en guerra civil y con fracasos en el plano deportivo. Que en ciertas culturas el entrenador sea la figura más fuerte, en lugar de la más débil, ayuda a sobrevivir en situaciones extremas.

El inhumano de Thomas Schaaf ha logrado perpetuar su tiranía durante 11 temporadas consecutivas, manejando un vestuario enfrentado a su figura gracias a sus malas artes en la gestión del grupo. Como dijo el ya ex jugador bremmer “El equipo estaba obligado a llegar una hora antes al entrenamiento, menos tres o cuatro jugadores, que llegaban siempre una hora después. Eran los amigos del entrenador y nunca les pasaba nada.” Uno de esos amigos es Torsten Frings, jugador que durante los últimos tres años ha ido en constante declive, incapaz ya de aguantar un partido más allá del minuto 55. Sin embargo su titularidad ha sido incuestionable, y su presencia en el campo, salvo lesiones, jamás se ha visto amenazada por cambios tácticos o sustituciones de refresco.

Ni siquiera el claro perjuicio de su alineación en las aspiraciones deportivas del equipo han sido motivo de debate. “El capitán es el capitán y debe jugar por ello”, confiesa un orgulloso Schaaf, que de la mano de una generación de canteranos, llevó al Werder a su mejor época desde los tiempos de Otto Rehhagel. Sin embargo el grado de división entre la masa social ha sido abrumador. Ya durante el pasado verano el simple hecho de que Frings partiera de inicio como único pivote en la exigente medular hanseática inundaba el foro de la web oficial del club de lamentos y criticas, incluso algunos, apuntando al descenso de categoría como colofón a este suicidio perpetrado por el gerente del equipo, que no era otro que el idolatrado entrenador. Dichas predicciones catastróficas no iban mal encaminadas, el Werder Bremen ha estado luchando gran parte de esta temporada por la permanencia. Una lucha agónica que no se ha visto truncada por fisuras de ningún tipo, ni conatos de rebelión, el equipo moría por la constante decisión equivocada de su entrenador, que fue renovado sin paliativos en la situación más critica del año, situado a un punto de los puestos de descenso.

Las palabras de Vranjes en cualquier otro país habrían supuesto un escándalo. Encendiendo debates mediáticos durante días. Sin embargo en Alemania sus palabras han pasado desapercibidas. Existe un alto grado de respeto sobre el mundo del fútbol y una arraigada cultura de libertad de expresión, aquí los personajes tienen libertad para hablar sin miedo de cualquier asunto, puede llegar a chocar escuchar a Hoeness lamentarse de que su entrenador se niega a hacerle caso en sus consejos sobre alineaciones o sistemas de juego, un asunto en el que también se inmiscuyen los directivos en Italia o España, aunque son asuntos tabú de los que nadie se atreve a hablar, y quienes los hacen, cuando lo hacen, son para arremeter contra el entrenador de turno, aludiendo a su escasa personalidad.

El incendio grupal que ha vivido el Werder durante más de siete temporadas le ha dado para ganar títulos, pelearos, y jugar competición europea, solo el envejecimiento del equipo y la perdida de talento por las necesidades economicas del club le han llevado a perder nivel deportivo. Ningún jugador, marginado por su entrenador, o mal tratado, ha bajado los brazos, se ha borrado de los partidos, ni sus iras han encontrado cobijo en los medios de comunicación. Vranjes cerró sus airadas criticas sentenciando: “Schaaf es un tirano sin humanidad, un pésimo psicólogo y un nefasto gestor de grupos, pero a pesar de todo es el mejor entrenador que he tenido, y el numero uno en la Bundesliga.” Así es la mentalidad alemana.

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